Criticar desde arriba

Puede que haya sido por que llegué más tarde que la vez anterior o por que uno de los ponentes del día sería Noam Chomsky, pero cuando entré a la biblioteca, el auditorio estaba ya lleno de jóvenes con atuendo tipo “hipster”.  De inicio me pareció inesperado, tal vez por que yo no estaba ahí para oír a Chomsky.  Hace algún tiempo ya llegué a una conclusión sobre de él.  Es un académico brillante, con resultados impresionantes en su investigación lingüística.  Sin embargo, también tiene cierta tendencia a hacer comentarios públicos sobre temas de los que en realidad no sabe gran cosa.  Eso era lo que esperaba escuchar de él esa noche, inmerso entre sus fans.

Si no estaba ahí para oír hablar a Chomsky, al menos no principalmente, era para escuchar a Yanis Varoufakis, el anterior ministro de finanzas en Grecia.  Hace unos meses leí un perfil suyo en The New Yorker y me pareció de menos una persona interesante: un político con antecedentes de economista y una agenda progresista.   Según lo que había leído en el artículo, estaba convencido de que no estaría de acuerdo con él en todas sus ideas, pero al menos esperaba ser capaz de echar un vistazo a su forma de pensar y sus ideales.  Eso, definitivamente lo tuve.  Desafortunadamente, no mucho más.

Después de un ligero retraso y una presentación puntual entraron los dos, tomaron sus respectivos asientos y comenzaron a platicar.  Desde un inicio, la plática fue explícitamente en contra del orden neoliberal que (a su parecer) impera.  No soy fan del neoliberalismo económico, pero tampoco confío en teorías que asignan todo posible error a cualquier fantasma.  Desde sus trincheras particulares, eso fue lo que hicieron.  De acuerdo con Yanis Varoufakis, todos los problemas económicos en Grecia son atribuibles al FMI, al Banco Mundial o a los sistemas de banca y finanzas europeos.  Estoy totalmente de acuerdo en que las demandas a Grecia en los términos para renegociar los préstamos fueron imposibles de cumplir.  Sin embargo, un atisbo de autocrítica es completamente necesario para poder diagnosticar de forma correcta el problema.

Por ejemplo, culpa a los bancos europeos (principalmente alemanes y franceses) de incluir a los individuos griegos en sus políticas de otorgamiento de créditos, prestando créditos que hubiera sido imposible pagar.  Dado que conozco ligeramente el mundo de la banca desde dentro, sé que esto muy bien podría ser cierto.  Pero, tan inhumanos como puedan ser sus prácticas de préstamos, parte de la responsabilidad debe caer sobre los hombros de quien aceptó estos créditos imposibles.  Me hubiera gustado escuchar cómo explicaba eso desde el punto de vista de Grecia.  No lo hizo.  Entonces, hubiera esperado que su interlocutor lo forzara, que empujara las preguntas difíciles para que tuvieran que confrontar juntos el problema, en el entendido que ambos estaban de acuerdo en este punto en particular.

Pero Noam Chomsky estaba muy ocupado echando porras.  No sólo estaban de acuerdo en las críticas que hacían.  Se alimentaron durante toda la plática de datos y herramientas con las que continuar (que no mejorar) dicha crítica.  Chomsky se limitó a dar el tipo de opiniones amateur que mencioné antes y a seleccionar ejemplos que sustentaran su narrativa, ignorando otros que podrían haber sido más problemáticos.  Un ejemplo es cuando mencionó que las Filipinas era el único país den el sureste asiático que no había sido parte de la explosión económica de los Tigres Asiáticos, y todo debido a su pasado colonial.  Eso puede que sea cierto en el caso de las Filipinas.  No tengo suficiente información para comentarlo.  Pero Myanmar, también en el sureste de Asia, tampoco fue parte del boom – su caso es mucho más complejo y menos propenso a modelos explicativos rápidos y sin mucho sentido.  Supongo que era más seguro dejarlo fuera de la conversación.

A decir verdad, no es tan difícil diagnosticar cuando algo no está funcionando; y la economía griega, como muchas otras de naciones emergentes, llevan un rato sin funcionar.  Es realmente fácil decir que son disfuncionales, y encontrar a quién culpar de todos los problemas  Encontrar como salir de ellos y arreglar las cosas es la parte difícil.  Y eso es lo que yo esperaba escuchar: soluciones, o ideas sobre las cuales construir soluciones.  Pero es difícil discutir los detalles de cualquier problema si con quien estás hablando está de acuerdo contigo desde el principio.  Una discusión intelectual se convierte en una plática de café.  No hay nada malo con una simple plática, pero cuando el acuerdo era escuchar a dos personas supuestamente capaces de traer ideas adecuadas, y en su lugar recibimos una charla trivial, yo, al menos, me sentí timado.

No esperaba mucho del público tampoco.  El coro de fans de Chomsky le aplaudía la mayoría de sus comentarios aforísticos, incluso lo que no eran tan buenos.  Terminé positivamente impresionado en ese respecto.  En la breve sesión de preguntas y respuestas al final del evento, al menos hubo un par de preguntas bien pensadas que los forzaron a dar más detalles de sus ideas y de la forma en que les gustaría implementarlas.  No fueron particularmente críticas, y no creo que eso haya sido un problema.  No estaba esperando que fueran antagonistas, pero que al menos explicaran lo que pensaban acerca de sus problemas, no solo generalidades.

Por lo tanto, para no caer en el mismo caso que estoy criticando aquí (diagnosticando un problema sin explicar como podría solucionarse, aquí están mi opinión:  hubiera sido muy bueno escuchar a Yanis Varoufakis, o incluso a Noam Chomsky, dar detalles de su pensamiento. Creo que ambos tienen ideas que merecen ser escuchadas, pero me hubiera encantado oír su platica con alguien que no estuviera de acuerdo completamente con ellos, que pudiera estar en una posición de cuestionarlos.  Por ejemplo, creo que Paul Krugman, el economista de Princeton y premio Nobel de economía, hubiera sido un interlocutor genial para el ex-ministro de finanzas.  No es partidario de las políticas del FMI y cree que las políticas de austeridad son criminales, pero creo que hubiera cuestionado algunas (si no es que todas) las aseveraciones de Varoufakis.  Y eso, en mi opinión, hubiera sido bueno para todos, tanto el público cómo los interlocutores.