Ignorancia Voluntaria

The Eleventh Day: the full story of 9/11 and Osama bin Laden de Anthony Summers y Robbyn Swann, Balantine, 640 pp.

Finalista Pulitzer Prize 2012 – Categoria Historia.

El once de septiembre de 2001 es uno de los momentos definitorios de nuestros tiempos.  En menos de una hora, se atacaron objetivos civiles y militares en los Estados Unidos.  La cobertura mediática no tuvo precedentes y, considerando que esto sucedió antes de la ubicuidad de los smartphones, todo aquel que pudiera estar interesado quedó cautivo ante los medios masivos. Han pasado más de trece años y las consecuencias del ataque todavía se pueden sentir en nuestra vida diaria.  Desde el punto de vista banal, el aparato de seguridad en los aeropuertos es mucho mayor ahora de lo que fue en cualquier momento anterior en la historia. Irónicamente, ahora nos sentimos menos seguros que nunca. De manera mucho más importante, la constitución política de Medio Oriente y Asia Central se ha transformado completamente y, al mismo tiempo, las propuestas políticas de la derecha norteamericana se han radicalizado casi hasta el ridículo.

El atentado fue una enorme tragedia para la gente en las democracias occidentales y sus países aliados  (en particular para las familias y amigos de las más de tres mil personas que perecieron ese día, no quiero minimizar eso).  Sin embargo, tan grande como pueda parecer, su importancia se debe más a que pareció ser mucho mayor.  El ataque se ha convertido en un hecho simbólico.  Si lo vemos como un acto de guerra (el gobierno de Estados Unidos insiste en clasificarlo así), tres mil muertes en un ataque, aunque no deja de ser horrible, no se compara con los más de treinta y cinco mil fallecidos en el bombardeo de Dresden durante la Segunda Guerra Mundial (tomando en cuenta las cifras más conservadoras, hay quien dice que pudieron haber sido ciento cincuenta mil).  Financieramente, la pérdida por la caída de las torres gemelas fue inmensa, pero fue menor a la provocada  por la caída de la torre abstracta de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008.

Con esta perspectiva, ¿por qué este ataque sin precedentes es tan importante?  Cabe notar también que hay muchas cosas que sucedieron ese día y que no conocemos, por lo que una monografía relativa al tema es necesaria. Después de una breve y naturalmente incompleta búsqueda, pude verificar que hay varios libros circulando ya al respecto desde hace tiempo.  Algunos compran al menos en parte las teorías de conspiración que abundan en la red.  Desde mi punto de vista, esos quedan inmediatamente descartados.  De los que quedan, considero que todos deben tener elementos interesantes. Mi elección se basó en una razón altamente subjetiva:  el libro que elegí fue finalista en un premio literario  (el Pulitzer).  Afortunadamente, también resultó ser un buen libro.

the eleventh day - Summers SwannThe Eleventh Day, the full story of 9/11 de Anthony Summers y Robbyn Swann es una investigación detallada de los hechos durante, antes y después del 11 de septiembre de 2001 relacionados con el ataque a las torres gemelas del World Trade Center y al Pentágono.  Comienza con una descripción completa del atentado, detallando todo lo que sabemos y explicando por qué lo sabemos.  Para cualquiera que haya seguido las noticias ese día (casi puedo apostar que para cualquiera que sea lo suficientemente viejo para recordarlo), hay pocas sorpresas aquí.  El atentado fue perpetrado por 19 hombres provenientes de Medio Oriente, en su mayoría árabes, que formaban parte de una organización llamada al-Qaeda y, como tales, eran seguidores de Osama bin Laden, un reconocido terrorista.  La respuesta de parte de la administración del presidente Bush fue, consecutivamente: ineficiente, torpe y súbitamente brutal.

Las consecuencias a largo plazo también son ampliamente conocidas.  Una guerra compleja pero con respaldo internacional en contra del régimen Talibán en Afganistán fue seguida por otra menos justificada en Irak.  El gobierno de Estados Unidos se volvió cada vez más paranoico.  El tráfico aéreo (en particular en los vuelos internacionales) se convirtió en una monserga para los pasajeros.  Las agencias de seguridad usaron todo su (cada vez mayor) poder computacional para tender una red en la que pudieran abarcar a quien quisieran y el ejército utilizó “técnicas mejoradas” en sus interrogatorios para conseguir información de sus prisioneros de guerra (en muchas otras partes del mundo, a estas técnicas se les denomina tortura).  Entre los prisioneros hay gente de alto perfil, como Khalid Sheik Mohammad, quien confesó haber planeado el ataque.  Sin embargo, los resultados de todas estas políticas son cuestionables.  Después de todo, aun con de la muerte de Osama bin Laden el mundo (particularmente las democracias occidentales) no se siente tan seguro.

Las sorpresas para los lectores vienen en la descripción de cómo se planeó y eventualmente se realizó el ataque (las partes IV a VI del libro).  El grupo que lo llevó a cabo estaba formado por fanáticos religiosos -la mayoría de ellos al menos- como era de esperarse.  Pero no se trataba de asesinos a sangre fría, enloquecidos, al menos no durante todo el tiempo.  Eran conscientes de sus actos y no les habían lavado el cerebro.  Eran torpes incluso hasta la comicidad (de hecho es sorprendente que no los hubieran detectado antes; de no ser por el exceso de confianza de las agencias de seguridad estadounidenses, que fueron todavía más torpes que ellos).  Estaban preparados para morir por sus convicciones, por muy equivocadas que nos puedan parecer.  Lo que hicieron fue horrible y criminal, pero no eran asesinos sin motivos.  Todo lo que hicieron tenía un propósito y sería verdaderamente útil entenderlo, ya sea para interpretar el acto correctamente o para evitar un evento similar en un futuro.

Sin embargo, no hay ningún esfuerzo oficial para hacerlo.  La respuesta fue perseguir y castigar a cualquiera que fuera responsable de estos ataques.  Pero incluso para poder completar este objetivo era necesario entender lo que había sucedido y como consecuencia el resultado fue incompleto y turbio.  El libro muestra de forma clara nexos entre los hombres que realizaron el ataque y miembros poderosos de las sociedades Saudí y Pakistaní, así como la forma en que fueron descartados por la investigación oficial.  En su lugar atacaron el débil objetivo militar que representaba el Talibán y completaron la venganza personal de Bush, Cheney y Rumsfeld en contra de Saddam Hussein quien, esta vez, no había tenido nada que ver.

Una escena en particular captó mi atención.  Durante un ataque aéreo en contra de su base, Osama bin Laden estaba enfurecido, no porque estuviese perdiendo hombres o dinero, sino porque alguien se atrevió a atacar musulmanes, el pueblo del Profeta y el elegido por Dios.  No podía concebir que algo así pudiera suceder.  La mentalidad en la Casa Blanca era la misma.  Nunca pensaron que alguien se atreviera a atacar directamente Estados Unidos, aun cuando había signos de que era inminente un atentado así.  Después, cuando la parálisis emocional de Bush había pasado, inmediatamente prepararon la respuesta.  Nunca se detuvieron a pensar por qué alguien querría atacarlos.  El pensamiento de que alguien pudiera tener una justificación para hacerlo nunca cruzó por sus mentes.  En lugar de eso, mostraron su poder, sin considerar que haciéndolo sólo agravaban el problema.

Summers y Swan consideran el problema, pero no lo hacen con la profundidad suficiente y eventualmente se pierden también en el mar de omisiones que pudieron prevenir el ataque, quedándose únicamente con un punto de vista militar o de Inteligencia.  Es como si ni siquiera ellos pudieran considerar seriamente que sus acciones podrían molestar a alguien más.  Si esto fuera medicina, Estados Unidos estaría intentando curarse de inmediato con un tratamiento agresivo, tipo quimioterapia en lugar de recurrir a un cambio de hábitos que podría tener mucho mejores resultados.

The Eleventh day no es la narración definitiva de los ataques del once de septiembre, incluso si se encuentra lo suficientemente cerca de serlo. De hecho, no estoy seguro de que en algún momento sea posible tener una.  Aún hay demasiados detalles clasificados, demasiadas cosas que no se saben, y demasiadas que no queremos saber, por demasiadas razones de relevancia política internacional extrema.