La imposibilidad del ahora

Umbrella  de Will Self, Bloomsbury, 448 pp.

Finalista Booker Prize 2012

Umbrella - Will SelfAlucinante. Si tuviera que describir Umbrella de Will Self en una sola palabra, ésa sería.   Cuatrocientas páginas de prosa continua y fluida, sin cortes de capítulo para mantener la cordura. Me resisto a definirla como flujos de conciencia porque no están dentro de la mente de ninguno de los personajes; el texto los sigue de cerca, cambiando de punto de vista de uno al siguiente, a veces después de tan sólo un par de páginas, otras después de cincuenta. Las variaciones se dan sin aviso alguno ni señal previa y pueden suceder en cualquier momento, incluso de forma bastante desconcertante en medio de una sola frase: la primera mitad pertenece a un personaje, mientras que la segunda es parte de la historia del siguiente.

Aun cuando todos los personajes pertenecen a la misma historia, no están ubicados en el mismo lugar o momento histórico. La lógica de los saltos entre tiempos es acorde a las necesidades de la historia, pero sólo hasta el final del libro da a conocer de forma explícita la razón de estos saltos. El resultado es, sin lugar a dudas, confuso y excesivamente complejo. Sorprendentemente, funciona.

El primer periodo de tiempo (cronológicamente) ocurre a principios de siglo XX en Londres, en los años alrededor de la Primera Guerra Mundial. Entre los muchos males que causó (por lo menos parcialmente) esa guerra estuvieron las epidemias. La gripa española devastó ciudades y ejércitos por igual; millones de personas murieron a causa de ella; sin embargo, al menos los enfermos tenían conocimiento de lo que padecían y entendían los resultados, tan duros como pudieron haber sido. La encefalitis letárgica, por otro lado, enfermaba a la gente. En algunos casos, después de haberse curado aparentemente, comenzaban a sufrir ataques epilépticos que terminaban en estados catatónicos, en los que no había una respuesta a ningún tipo de estímulo casi de manera permanente.

Cincuenta años después del brote, en uno de los hospitales psiquiátricos donde algunos de los pacientes de encefalitis fueron internados, un doctor probó un nuevo medicamento en ellos: L-Dopa, con resultados dramáticos. La recuperación inicial de los pacientes (así como su eventual recaída en la parálisis fue el tema principal de Awakenings (Despertares) y de la película del mismo nombre; es recuperado por Will Self. El tercer tiempo narrativo que usa eses Londres contemporáneo, cuando el doctor involucrado en los experimentos con L-Dopa, ya viejo, visita el lugar donde sucedieron los eventos y, de cierto modo, guía la historia.

¿Es esta historia compleja justificación suficiente para que Will Self use su enloquecedora y absurdamente difícil estructura? Usualmente mi respuesta sería inmediatamente negativa; aborrezco el abuso de este tipo de experimentos cuando se realizan sólo por el experimento en sí. En este caso, sin embargo, es posible que exista, al menos un poco de justificación. Para poder narrar su historia, Will Self explora los límites de la conciencia. Se puede discutir que existen muchas maneras de narrar la misma historia, pero hacerlo desde el punto de vista de la conciencia es, por decir lo menos, innovador.

Por supuesto, los pacientes post-encefalíticos son el primer caso límite que utiliza. Audrey Death, el ejemplo que sigue de cerca, es recluida en la institución psiquiátrica después de caer presa de los efectos catatónicos de la enfermedad. Hasta ese punto, su vida ha sido ajetreada y aun interesante, nada muestra, sino hasta el final, una tendencia a enfermarse. Después de despertar, manifiesta una memoria certera de los eventos del pasado, sino también la conciencia de lo que sucedió mientras estaba en estado catatónico. Su conciencia estaba alterada, pero jamás desapareció.

No es la única. A lo largo del libro seguimos de cerca una serie de experiencias durante la guerra, un evento más enloquecedor y deshumanizante que cualquier otro que pudiéramos pensar. Se diría que los soldados, en medio de todo el estrés y con el caos a su alrededor, estaban viviendo en el límite de la conciencia humana.

Está también el caso del doctor mismo, Zachary Busner, viejo, confundiendo los recuerdos de sus múltiples trabajos y haciendo un gran esfuerzo por recordar lo que sucedió ese año con las pruebas de L-Dopa. Visto desde este punto de vista, la vejez, con el decaimiento concomitante de las capacidades intelectuales, es otro fuerte candidato para un límite de la conciencia. Al llegar a esta edad, la memoria se pierde de forma inexorable. Quienes en algún momento pretendimos ser, ya no somos; e incluso se duda de lo que en algún momento fuimos.   Y si el autoconocimiento no puede ser confiable, ¿qué uso tiene la conciencia entonces?

Difícil como puede parecer todo esto, no es el mayor obstáculo intelectual que el libro nos arroja. El único personaje importante que no ha sido mencionado hasta ahora relacionado con algún problema de límites de conciencia es el doctor mismo de joven. Lo encontramos tratando de encontrar una cura para sus pacientes, experimentando con ellos, sin saber en realidad lo que hace o los efectos secundarios del medicamento. Su problema mayor, sin embargo, es una incurable (e intratable) pena.

La pena (o duelo) no te deja pensar. Toma decisiones por ti. Y, lo peor de todo, no puedes estar seguro de que la padeces (de una forma u otra) hasta que las consecuencias aparecen. Tal como la encefalitis, puede atacar sin que el portador lo sepa y destruye su libre albedrío y conciencia. Por supuesto, si no es posible notarla y es tan destructiva, no existirá un mayor obstáculo para la conciencia. En las últimas páginas, donde una bomba narrativa tras otra cae sobre el lector, podemos saber que, después de todo, al menos la mayoría de los personajes sufre una gran pena.

En el caso específico del doctor Busner, el más difícil de todos los procesos (y que no entendemos completamente sino hasta el final del libro), ¿qué causa su pena? La familia, la vida, el aburrimiento, el estancamiento profesional, la frustración, el contacto con la locura… Es difícil saberlo y más difícil interpretarlo. El libro no nos facilita la vida, pero ésta es mucho más complicada y, en este caso, Umbrella es un buen espejo que la refleja.

En última instancia, éste es un libro que, más que nada, genera preguntas en el lector. En verdad es imposible pasar las páginas sin pensar detenidamente acerca de los eventos que se suceden en él. Esta razón bien podría hacer que alguien abandone rápidamente la lectura. Es cierto que no es fácil. Umbrella es uno de los libros más difíciles que he leído, con sus múltiples puntos de vista, ausencia de pausas, representación de diferentes acentos en los diálogos, y demasiadas referencias a Londres y la forma en que viven (y sólo entienden) los británicos. Estoy seguro de que no entendí todo lo que el autor plasmó (¿se puede hacer esto en cualquier libro de todos modos?) y terminaba agotado después de una sesión de lectura, pero sé que el resultado valió la pena.

Así que, después de todo, ¿qué nos dan Will Self y su novela para defendernos del ataque a la conciencia? Durante una buena parte del libro, pareciera que la respuesta es vivir el ahora, el momento presente, más allá de amigos o familia, sin obligaciones dominantes. Sin embargo, cerca del final el libro, con una fuerza impresionante, nos estrella contra la realidad una y otra vez, recordándonos que somos creaturas de nuestro propio pasado e historia y, más importante, que no somos nadie sin ellos. Por lo tanto, después de todo, no hay realidad en la conciencia como usualmente se la entiende y el ahora es imposible.