Larga vida a la reina

Bring up the Bodies de Hilary Mantel, Picador, 432 pp.

Ganador Man Booker Prize 2012.

La Historia se suele contar como una serie de sucesos acerca de los cuáles podemos saber o no múltiples detalles.  En el caso de eventos recientes, puede ser posible encontrar testigos para complementar la documentación existente.  Pero si vamos más atrás en el pasado, tenemos que confiar únicamente en la evidencia que encontremos.  No creo que sea necesario explicar que existirán algunos detalles de los que sería imposible encontrar registro alguno.  Aun si existieran las actas donde se hubiera transcrito todo lo que se dijo en la conferencia de Yalta en papel (por poner un ejemplo, no tengo idea si existan), sería mucho más difícil saber exactamente qué palabras fueron intercambiadas, o no, en los pasillos fuera de las pláticas principales.  Intentar ir más allá tendría todavía menos sentido, sería totalmente imposible intentar saber cuáles fueron las pláticas privadas o, peor aún, los pensamientos de alguno de los participantes. 

El único recurso que nos queda para investigarlo, por lo tanto, es la ficción.  Esta aproximación tiene sus propios problemas y entre más lejos nos movamos hacia el pasado, más grandes se vuelven.  Se necesita mantener un equilibrio muy delicado entre una versión creíble de cómo las cosas pudieron ser y que la prosa sea leíble.  Los personajes deben mantenerse lo más cercano posible a lo que sabemos acerca de ellos, pero también deben construirse como personajes completos, interesantes para los lectores.  Es de esperarse que estén preocupados por problemas relevantes en su tiempo, pero también que, de alguna forma, nos hablen a los lectores en el nuestro.

mantel-bring-up-the-bodiesSería muy difícil completarlo de forma más satisfactoria que la lograda por Hilary Mantel en Bring up the Bodies, la segunda parte de su trilogía de Thomas Cromwell.  El periodo de los Tudor tiene un encanto muy particular que Mantel explota de forma magistral a su favor.  Utiliza a su favor el falso glamour de la realeza, un personaje con una historia cautivante y un rival más que adecuado.  Tanto Thomas Cromwell como Ana Bolena pueden ser retratados como héroes o villanos, dependiendo del punto de vista del autor que escribe sobre ellos.  Afortunadamente para nosotros, Mantel no va a ninguno de los dos extremos y el resultado es notorio: la novela trata más sobre su rivalidad que sobre cualquiera de ellos.

Comienza casi exactamente donde terminó Wolf Hall, el primer libro de la serie.  Tanto Ana como Cromwell viven triunfantes en la corte; ella es la Reina, él el canciller.  Ambos se odian con pasión.  Y ambos dependen, más que nunca, de las decisiones del Rey (un personaje al que Hilary Mantel sabiamente relega a segundo plano, evitando que domine la obra).  Los eventos se acumula una vez que Enrique VIII se cansa de su esposa y le pide ayuda a Cromwell para deshacerse de ella.  Al final, como sabemos que pasará, Ana es ejecutada y Cromwell, aliado con los Seymour, sube a la cima de su poder.

¿Cuál es, entonces, el punto en leer la historia si ya sabemos qué va a suceder?  En última instancia la razón es que no sabemos los detalles.  Sabemos que Ana y Cromwell se odiaban, pero en el libro podemos ver discutir libremente a dos de los más grandes políticos de su época chocando de frente.  Difícilmente podría haber mejores diálogos que los que encontramos aquí.  A través de sus propias palabras, y utilizando ligeros cambios en vocabulario, tono y estructura, Mantel nos dibuja a los personajes en todas sus facetas.  No sólo a través del astuto Cromwell, a quien también podemos ver vulnerable, en su casa, una vez que regresa en la noche habiendo terminado su trabajo; o a través de Ana, la Reina todopoderosa que se transforma en la víctima desesperada.  También están Catalina de Aragón, la primera esposa, orgullosa y derrotada; Mary Tudor, alimentando deseos de venganza en silencio; cada miembro del personal de la casa de Cromwell, preocupado por la salud y el bienestar de su señor porque trabaja demasiado…

Todos estos elementos harían ya una gran lectura.  Pero sólo son una descripción somera de Bring up the Bodies.  Los personajes del libro son profundos.  Cromwell es indudablemente, la estrella, pero Ana funciona como un mejor ejemplo de los alcances que tiene la novela.  Ella, cuando se encuentra en el punto máximo de su poder puede amenazar a Cromwell, reírse de la muerte de Catalina, y tratar con todo su poder de aplastar a la joven Mary (aunque Cromwell se lo impide).  Más adelante, tenemos a una mujer herida, frágil y aterrorizada, vulnerable ante la certeza de su muerte y orgullosa como siempre ha sido.  Casi provoca nuestra lástima.  Lo interesante es que en ambos casos, continúa siendo el mismo personaje; no sólo de nombre.  La estructura de sus diálogos, el contenido de su “mente” (¿sería más correcto decir alma?) no ha cambiado.

Algo muy similar podría decirse sobre Wolf Hall, la primera parte de la trilogía, y de cierta forma sería cierto.  Después de todo, Bring up the Bodies es la continuación de la misma historia.  Y aún así hay diferencias notables.  En Wolf Hall, Mantel tiene que introducir a todos sus personajes y abarca un intervalo de tiempo mucho mayor.   Bring up the Bodies, en cambio, fluye mejor entre sus personajes; dado que no los tiene que presentar, puede trabajar en la profundidad.  El sabor de boca que dejan también es distinto.  Después de leer Wolf Hall, uno termina  exhausto.  Por ser un libro mucho más difícil, uno lo cierra con la sensación de haber logrado algo.  Bring up the bodies, por otro lado, es técnicamente más fácil (no más pronombres “él” huérfanos, para referirse a Cromwell), pero emocionalmente es tan fuerte que puede ser devastador.

El libro fue el ganador del Man Booker Prize en 2012, en mi opinión de forma merecida.  Si bien no tiene una estructura compleja como The Garden of evening mists de Tan Twan Eng, los personajes sórdidos de Narcópolis de Jeet Thayil, los fuegos artificiales narrativos de Will Self en Umbrella, los cambios de puntos de vista de Swimming Home de Deborah Levy o la engañosa simplicidad de The Lighthouse de Alison Moore, el resto de los finalistas. Bring up the Bodies utiliza un poco de cada uno de esos elementos y algo más.  Es más atractivo, envolvente y profundo que cualquiera de ellos.  Larga vida a Hilary Mantel.