Los brutales inviernos líricos de William H. Gass

In the Heart of the Heart of the Country de William H. Gass, NYRB Classics, 206 pp.

Selección del club de libro NYRB Classics noviembre 2014.

Los inviernos en la Ciudad de México pueden ser incómodos.  Llega a hacer frío (no tanto) y el cielo se puede nublar por días, pero que caiga nieve o que imperen condiciones de congelación son cosas que no pasan.  Difícilmente puedes quedar atrapado dentro de tu casa, incluso por un solo día.  Además, siendo una ciudad inmensa, está (hasta cierto punto) preparada para las peores peores que normalmente experimenta.  Gracias a ello, la vida continúa sin mayores cambios.  Sin embargo, si sales de la ciudad a la provincia, o te mueves hacia el norte del continente, las condiciones se vuelven más crudas y cada vez menos habitables.  Si continúas (muy) hacia el norte, llegando a las grandes planicies deshabitadas del Noroeste de los Estados Unidos, el invierno es brutal.

William Gass In the Heart of the Heart of the CountryLas historias narradas en In the Heart of the Heart of the Country de William H. Gass se desarrollan en ese ambiente, aún en los momentos en que la narración no sucede en el invierno.  Siempre hay una amenaza presente, algunas veces plenamente identificada y otras implícita.  Los vecinos casi nunca son confiables.  Tampoco la familia.  Pero, encima de cualquier otra posible fuente, la amenaza viene desde dentro, desde el invierno que fluye de cada uno de nosotros.  Las historias son cinco, que decrecen en longitud desde la noveleta The Pedersen Kid, los cuentos Mrs. Mean y Icicles, la micro historia Order of Insects y por último la colección de pequeñas notas que da nombre al libro.

La mayoría se desarrollan mientras el narrador está sentado, imaginando o pensando.  Como tal, no parece que haya mucha acción en ellas.  Pero sí hay, y mucha.  Para Gass, lo que importa es el mundo de la mente y lo que pasa ahí.  Como uno de sus narradores explica (en Mrs. Mean), pareciera que observa la realidad metafísica, más que física.

En este contexto, imaginación, alegoría y realidad se mezclan libremente y se confunden.  El objetivo final será crear la combinación de factores que hagan la vida de los personajes lo más miserable posible.  Tal como lo puede hacer el invierno.  En The Pedersen Kid, por ejemplo, las condiciones iniciales son terribles.  Encontramos a una familia que vive aislada en su granja, lidiando con problemas de alcoholismo y la violencia con la que se tratan unos a otros.  Pero este es solo el principio.  Cuando encuentran al hijo pequeño de los vecinos casi congelado entre la nieve, muy cerca de su granja (y por lo tanto, muy lejos de su propia casa), la situación sólo puede empeorar, mucho más incluso que en sus peores expectativas.

O el caso de Icicles, la historia frustrante de un vendedor de bienes raíces frustrado.  En los primeros párrafos, podemos detectar lo que pasa: sus mejores días quedaron atrás y ya no vende nada, nunca.  Pequeños témpanos de hielo se forman en su casa, por afuera y adentro.  Incluso cuando es claro, incluso para él, que sus días de vendedor están terminados, trata de negarlo a toda costa y prolongarlos aun a costa de la humillación con sus compañeros.  Hasta que la realidad se colapsa sobre de él, los témpanos cubren todo y tanto su vida como el cuento terminan.

La lectura de un libro así puede parecer insoportable (particularmente Order of Insects, la más corta, por su tema casi escatológico).  Lo que salva las narraciones de Gass es su maestría en el uso del lenguaje.  Me queda claro que es un poeta.  Su uso de las metáforas, incluyendo el omnipresente invierno, es sutil y preciso, no como la torpe paráfrasis con la que intenté yo describirlo aquí.  Y el lirismo con que las teje es magistral.  Su control del tono y las diferentes voces de los narradores y personajes es perfecto; no necesita decir que alguien es de mediana edad o adolescente, todos los detalles de la personalidad son inmediatamente claros a través de enormes discursos con cambios de voz y vocabulario adecuados a cada personaje.

Cada uno de los integrantes de todas las historias funcionan como seres separados y distintos.  Lo único que tienen en común es que a todos los rodea, de alguna forma u otra, el invierno.  Esto, a su vez, los homogeneiza junto con el tono del libro, con resultados brutales.  Después de todo, lo único que se puede esperar de un invierno así, es la muerte.