Malcolm X: un maestro no convencional

Malcolm X: a life of reinvention de Manning Marable, Penguin, 608 pp.

Ganador Pulitzer Prize 2012 – Categoría Historia.

He vivido por más de un año en el sur de Estados Unidos, en el relativamente liberal estado de Carolina del Norte.  Si bien es cierto que, por ley, puedes ir a donde quiera que desees y que, con muy pocas excepciones, no he encontrado racismo, también es tristemente cierto que la segregación racial es una realidad presente, insidiosa y terrible.  Los lugares donde la gente come, compra y en general vive, difieren entre grupos étnicos.  Si estamos en un restaurante frecuentado típicamente por blancos, solemos ser los únicos clientes que pertenecen a una minoría; lo mismo sucede si entramos a un barrio negro.  Por el contrario, si vamos a un restaurante latinoamericano, está lleno de latinos y te reciben hablando español.  Sobra decir que los verdaderos nativos de la ciudad no se encuentran en ningún lado.

Han pasado más de cincuenta años de que la ley de los derechos civiles fue firmada por el Presidente Johnson en 1964. Puedo imaginar que, antes de ese día e incluso en los primeros años posteriores, la situación debió ser intolerable.  La lucha encabezada por el Dr. Martin Luther King Jr. merece toda la admiración y el respeto disponibles.  Sin embargo, desde mi punto de vista (y quizá esto ilustre el valor y la dificultad del camino tomado por el Dr. King y otros activistas), encuentro mucho más natural el enfoque, furioso e implacable de Malcolm X, quien calificaba a los blancos como “diablos de ojos azules”.

Por supuesto, reducir el pensamiento de Malcolm X a su representación de los blancos sería robarlo de gran parte de la profundidad de su pensamiento y del desarrollo que éste tuvo durante su vida.  Es cierto que Malcolm X era un pensador radical y que nunca aprendió a querer (o incluso a aceptar) a los opresores, pero sus opiniones nunca fueron en realidad monolíticas.  Tenía opiniones particularmente fuertes, pero no era (tan) obstinado.  Vivía en el Noroeste del país donde: aunque la segregación y opresión eran ilegales, existían, tal como ahora en todo el país.  Por lo tanto, considerando que los problemas contra los que luchaba todavía están presentes, creo que estudiar lo que él y Martin Luther King pensaban, así como la naturaleza del movimiento de los derechos civiles es una cuestión vigente.

Manning Marable - Malcolm XLa biografía escrita por Manning Marable: Malcolm X, a life of reinvention es una herramienta invariable en este análisis histórico.  Describe con gran detalle no sólo su vida (como toda buena biografía), sino que incluye también el complejo mundo que Malcolm ayudó a construir y transformar.  Es bastante obvio que Marable admira a Malcolm pero eso no impide que la imagen completa se muestre, incluyendo y revelando imperfecciones y errores.  El resultado es un libro tan objetivo como puede ser escrito.

Para alguien como yo, que llevo tan sólo un tiempo inmerso en estos problemas sociales, puede ser difícil entender la influencia de Malcolm X entre su gente y su tiempo.  Después de todo, nunca fue explícitamente un luchador por los derechos civiles y se oponía a muchas de las ideas de éstos.  Su rol social era ser el portavoz de un grupo relativamente pequeño de islamismo negro.  ¿Cómo pudo alguien con un claramente limitado espectro inicial de audiencia tener tanta influencia?

Es indudable que era un orador excepcional.  Somos afortunados en tener acceso a una gran cantidad de sus discursos.  Al hablar era claro, articulado y preciso.  Sin embargo, su característica principal era que realmente tenía algo que decir y que sabía como forzarnos a escuchar.  Podemos no estar de acuerdo con él, incluso en principio, pero era (y continúa siendo) imposible escuchar hablar a Malcolm X hablar sin prestarle atención.

Manning Marable prueba que Malcolm perfeccionó esta habilidad durante toda su vida, aprendiendo de todas las oportunidades posibles.  Comenzando por un niño rodeado de violencia racial; pasando por el joven que vendía sandwiches en el tren, donde aprendió que la apariencia de su estado de ánimo influye en las acciones de los otros, una sonrisa hace que te compren más; el rufián de poca monta (siempre quiso ser percibido como más rudo de lo que en realidad era o, al menos, de lo que en realidad estaba dispuesto a mostrar) que terminó en la cárcel a los diecinueve años por un crimen que sí cometió, pero con una condena mucho mayor que la que pudo (o debió) haber recibido.  Ahí aprendió de primera mano la desigualdad racial: su verdadero crimen fue involucrarse con una mujer blanca, mucho más que el robo por el que fue enjuiciado.

En la cárcel, leyó extensivamente todo lo que caía en sus manos, incluyendo lecturas complejas y concluyó informalmente su educación (antes había abandonado la preparatoria).  A partir de este momento y hasta su muerte, estudió tan duro como le era posible.  Salió de la cárcel con la ayuda de Elijah Muhammad y la Nación del Islam, un grupo muy heterodoxo de musulmanes, por decir lo menos, localizado en Chicago.  Ellos le abrieron la puerta de una mayor audiencia, le compartieron un mensaje y un propósito.  Al mismo tiempo, pertenecer a un grupo religioso tan cerrado fue a la larga una camisa de fuerza demasiado apretada.

La historia de su ruptura es fascinante y se lee fácilmente como un thriller político.  No voy a intentar resumirla aquí.  El principal problema de Malcolm fue desarrollarse más que la rígida secta, entre otras cosas gracias a los viajes que realizó a África y Medio Oriente.  A través del Islam, Malcolm aprendió que algunos individuos de la raza odiada (inclusive si eran sólo unos cuantos) podían ser auténticamente buenos.  Nunca aprendió a querer a los blancos, mucho menos a su sociedad, pero tenía la fuerza para cambiar su punto de vista, para reinventarse una vez más.  Mostró que es posible defender nuestras propias creencias y aceptar la posibilidad de estar equivocados, modificando nuestro sistema de formas apropiadas.

Eso es lo que principalmente podemos aprender de Malcolm X, aunque por supuesto no lo único.  Su capacidad para interpretar pensamientos contrarios al suyo era inmensa: en verdad quisiera saber qué pensaría del desarrollo del radicalismo islámico actual.  Sin embargo, es imposible conocer la dirección en la que su pensamiento se habría desarrollado pues fue asesinado (por miembros de la misma Nación del Islam) a los 39 años.  Malcolm X estaba trabajando en resolver las contradicciones que existían dentro de su propia teoría.  Me hubiera encantado ver si lo lograba o no.  Aunque en realidad el resultado final no es lo que más importa.  El hecho de que refinar de manera continua su propio sistema es lección suficiente para admirar su capacidad de cambio y adaptación, dándonos cuenta de que es posible hacerlo.