Navegando entre verdades ocultas

Seymour Hersh y Chris Hedges, Live at the NYPLmayo 3, 2016

La línea que separa el periodismo de investigación y las teorías de conspiración es peligrosamente delgada.  Ambas cuestionan la narrativa oficial de algún tema y quienes la proponen creen que cierto evento sucedió de una forma radicalmente diferente a como usualmente se dice.  Con algún evento en el que la historia tenga muchas inconsistencias (el asesinato de Kennedy), o en el que la historia oficial sea claramente falsa (la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq) el tono que se utilice para tratar el tema y la evidencia presentada hacen que sea posible diferenciarlas.  Pero cuando hay una verdad bien establecida, propuesta por una administración razonablemente confiable (al menos entre ciertas personas), es difícil saber cuándo es una versión crítica de los hechos y cuándo es una teoría sin fundamento.  

La historia oficial de la muerte de Osama bin Laden es bien conocida, a raíz de reportes de la Casa Blanca, un artículo publicado en The New Yorker, y (tristemente) por medio de la película Zero Dark Thirty, presumiblemente patrocinada por la CIA.  Esta es una versión resumida de lo que se sabe (o se cree) según esta versión.

La CIA encuentra a bin Laden a través de uno de sus mensajeros (está bajo disputa si técnicas “mejoradas” de interrogación fueron usadas para conseguir la información).  A través de su testimonio, ubican un complejo habitacional en Abottabad, Pakistán.  Después de pensarlo, el Presidente Obama envía al equipo Seal número 6 en dos helicópteros.  Llegan al lugar evitando ser detectados por Pakistán, encuentran a bin Laden y, después de que él intenta tomar un AK-47, inmediatamente lo matan.  El cuerpo es recuperado y eventualmente tirado en el mar, con los ritos musulmanes apropiados.

Si suena a que está artificialmente purificado es por que probablemente lo esté.  Dudo que haya alguien que lo crea en su totalidad como está.  Casi inmediatamente comenzaron a surgir teorías acerca de lo que en realidad había sucedido: que bin Laden seguía vivo y estaba atrapado, que se les había escapado, o  que ya llevaba muerto algún tiempo.  Leí un par de dichas teorías que cayeron en mis manos, cansan y suelen ser totalmente insustentables.  ¿Que sucede cuando Symour Hersh, de quien se dice es uno de los mejores reporteros de investigación en el mundo, publica un artículo en The London Review of Books seguido de un libro donde muestra su escepticismo hacia toda la teoría?

No voy a intentar seguir el argumento de Hersh porque difícilmente le haría justicia.  Después de leer el artículo original y escucharlo en la conferencia mi pregunta principal es, ¿qué lo vuelve más confiable que cualquier teórico disparatado?

La primera, e imposible de no percibirla, es todo lo que sabe acerca del tema.  Esto es mucho más claro en la conferencia, escuchándolo en vivo hablar sobre Pakistán, dando tantos detalles como fueran requeridos.  Y no fue sólo que hablara mucho.  Después de la plática, me formé para que firmara la copia de mi libro y el preguntó de dónde era, seguido de un par de preguntas y comentarios acerca de México.  Preguntas sensatas.  El hombre es una enciclopedia viviente de realidad política.

La segunda razón es que no da nada por sentado.  Un informante puede llegar con él trayendo nueva información, misma que el procede a investigar y confirmar.  Siempre.  Lo importante es que sigue todas las pistas.  Busca perseguir la verdad, sin importar a donde lo lleve.  Sin importar que lo que descubra pueda estar en contra de una administración con la que está de acuerdo, usualmente.  Se necesita mucho valor, concreto e intelectual, para hacer una tarea así.

Finalmente, la tercer razón es que es consciente de los límites de su trabajo.  Sólo podemos saber lo que recibimos:  lo que vemos, lo que podemos encontrar o lo que alguien más nos cuenta.  Esto puede parecer un truismo vacío pero no lo es.  Hay muchas cosas que nadie recuerda, que nadie dejó registradas, o que cualquier testigo que las haya presenciado tema decir.  Esos detalles no los podemos saber.  Por lo tanto, nunca podremos tener una versión completa.  Sin importar que tan a profundidad investiguemos o que tan cuidadosamente protejamos a nuestras fuentes, siempre habrá detalles que no serán encontrados y cosas que no serán dichas.

Antes de concluir quiero agregar que su interlocutor en la conferencia fue el periodista Chris Hedges.  El está presentando su propio libro, una llamada generalizada a la rebelión.  Me hubiera gustado escuchar también sobre sus ideas.  Sin embargo, como él mismo dijo, esta era la noche de Seymour Hersh.  Su caso tiene más relevancia ahora, y por lo tanto merecía una mayor publicidad.  Así que dio un paso atrás y dejó que su colega brillara.  Apreciar a una mete tan poderosa hacer ese acto de humildad es sorprendente.  Preguntó las preguntas correctas.  Su interés estaba en que nosotros (el público) entendiera y apreciara las ideas de Hersh.  Sus propias ideas podían esperar.  Lo menos que puedo hacer para mostrar mi respeto a su posición es leerlo.  Ambos libros están ahora en mi ultra expansiva lista de pendientes.

Salí de la plática eufórico por haber tenido la oportunidad de escuchar a esos dos grandes escritores explicando su trabajo, pero también preocupado.  Si las teorías de Seymour Hersh son ciertas entonces en un país con una libertad de prensa real, una democracia imperfecta pero real y una administración progresiva se creó una campaña oficial de desinformación orquestada desde lo más alto.  ¿Qué esperanza nos queda entonces a los que estamos preocupados por países con regímenes mucho más represores?  No sé si quiera una respuesta a esa pregunta.