¿Por qué leemos?

Alfabetos de Claudio Magris, Anagrama, 416 pp.

Selección personal.

Leer el trabajo de alguien con un proyecto similar al nuestro es revelador.  Si es alguien que lo ha venido haciendo desde prácticamente siempre, también es apabullante; más aún si lo hace de una forma magistral.  Claudio Magris es un académico literario, escribe una columna sobre libros en el periódico italiano Corriere de la Sera y es un escritor prolífico de ensayos.  En estos textos, Magris da la impresión de haberlo leído todo; una inspección más cercana muestra que, por supuesto, no es el caso.  Leerlo es usualmente placentero, dado que comparte su conocimiento sin alardear su poder intelectual y es gentil con el lector respetando su inteligencia.

Alfabetos - Claudio MagrisPor  todo lo anterior, yo tenía grandes expectativas por leer Alfabetos, una compilación de dichas columnas y otros ensayos literarios.  Al momento de escribir esto, sin embargo, no he sido capaz de terminar la lectura del libro y no estoy seguro de si en algún momento lo haré.  No culpo al escritor por esto, ni a su trabajo.  Su prosa es limpia y clara, aun cuando la traducción, en algunos casos, pueda sentirse incómoda.  Lo que escribe es ciertamente interesante: sus columnas van más allá de simples reportes de lectura.  Magris lee con un detalle impresionante y sus análisis realmente valen la pena ser leídos.  Su vasto conocimiento suele encontrar puentes entre autores, libros y tradiciones; sus interpretaciones suelen mostrar algo más que el simple contenido del libro y algunos detalles de la vida del autor que se están analizando.

Los elementos anteriores parecieran indicar que Alfabetos es un muy buen libro (y de cierta forma lo es) o que al menos está basado en una serie de muy buenos textos.  El problema es que, después de leer un poco, cada vez terminaba más aburrido.  Es un libro considerablemente largo y no parece tener un concepto unificador más allá del autor y el objeto general (los libros).  Los ensayos no están ordenados cronológicamente, por lo que no es fácil rastrear la evolución del pensamiento de Magris.    Me dio la impresión de que los textos están agrupados por región dado que obras del mismo autor usualmente se encuentran en entradas contiguas.  Pero  no hay una forma de saber esto -una ordenación explícita hubiera sido de gran ayuda.  Después de muchas páginas y ensayos así, Alfabetos se vuelve cada vez más tedioso.

El libro cuenta con un índice de autores (esto lo salva de ser completamente inútil como referencia); pero éste no facilita su lectura.  Es probable que el libro haya sido pensado como una herramienta de investigación y por lo tanto que jamás se planeara que fuese leído de principio a fin.  Incluso si fuera el caso, debería valer la pena hacer una lectura general, dada la profundidad del pensamiento del autor, para tener una idea de lo que contiene.  Sin una tendencia dominante en el libro, ¿por qué regresaríamos a él si estuviéramos en medio de una investigación?  ¿Se quedaría la existencia del libro en nuestras mentes lo suficiente como para recordarlo y regresar a él?

Magris nos cuenta sobre los libros que más le han causado placer y sobre los autores que los escribieron, desde Emilio Salgari, a quien leyó en su niñez, hasta sus adorados Goethe, Dostoyevsky y Kafka, a quienes es imposible apreciar antes de ser adulto.  Aunque menciona a sus contemporáneos (Javier Marías, Carlos Fuentes, John Banville), se nota que se encuentra más cómodo ente los escritores del siglo diecinueve.  Borges, Becket, Thomas Mann y Musil son los únicos entre los que escribieron plenamente en el siglo XX que recuerdo fueran tratados y leídos con el mismo cariño que los decimonónicos.  Es notorio que, para escribir sus columnas, Magris decide contarnos no sólo sobre los libros que han pasado por sus manos, sino que escribe de aquellos a los que tiene un afecto especial.

Uno de los problemas que se mantiene en la mente del autor, a lo largo de Alfabetos, es la pregunta ¿por qué leemos?  Es cierto que se puede obtener un entendimiento especial del mundo o adquirir conocimiento al leer, pero ésa no es la razón por la que un libro nos atrae.  Lo que nos hace empezar una lectura, a soñar historias de niño, a encontrarnos a nosotros mismos como adolescentes y a ganar ese entendimiento y conocimiento, siempre, es que leer es placentero.  Antes que todas las otras razones y después de toda consideración, leer es simplemente divertido.

No puedo decir que la escritura de Magris no lo sea.  Estoy seguro de que si supiera italiano y tuviera acceso al Corriere de la Sera buscaría su columna cada que fuera publicada.  Los mismos ensayos y textos que se encuentran en el libro podrían funcionar, seleccionados de una manera apropiada y clasificados, ordenados por tema o provistos de anotaciones y una estructura de investigación más robusta.  Ciertamente, disfruté leyendo su Danubio, pero en ese caso era un viaje guiado en lugar de una serie de notas aparentemente aleatorias.