Vistazos a realidades alternas

Wish her safe at home de Stephen Benatar, NYRB Classics, 280 pp.
The door de Magda Szabo, NYRB Classics, 288 pp.
A Legacy de Sybille Bedford, NYRB Classics, 384 pp.
Onward and upward in the garden de Katherine White, NYRB Classics, 392 pp.

Selección del club de libro NYRB Classics primer trimestre 2015.

Es innegable que uno de los mayores placeres (y misterios, a la vez) que puede uno obtener leyendo literatura es vislumbrar una vida diferente.  Desde las primeras novelas, leer ha requerido que el lector cambie su punto de vista.  La lectura abre la posibilidad de que se puedan apreciar muchas más opciones, diferentes a las que vive quien tiene el libro en las manos.  Si, como lectores, queremos hacer esta experiencia tan satisfactoria como puede ser posible, la mejor manera de hacerlo será explorar un punto de vista lo más diferente posible al nuestro.  Sin embargo, el balance entre lo nuevo y lo otro es delicado: la referencia no puede ser completamente ajena.  Debe seguir habiendo algo con lo que nos relacionemos para mantenernos interesados.


benatar-wish-her-safe-at-homeSe puede decir que el caso más extremo de representación del otro es el de alguien que, siendo parte de nuestra propia cultura, ha perdido la razón.  Son suficientemente diferentes a nosotros y nunca podremos estar directamente en su lugar (al menos, eso esperamos).  No es fácil hacer esto; la distancia entre una persona (aparentemente) cuerda y una que no lo sea puede ser tan grande que es posible crear un personaje completamente irreconocible como humano.  Asimismo es posible crear una caricatura, o una situación inverosímil, que deje de ser interesante.  La forma en la que Stephen Benatar resuelve este problema en su novela Wish her safe at home  es mostrando el proceso completo en el que su personaje cae.  Rachel Waring comienza la novela como una mujer solitaria y hasta cierto punto excéntrica.  Es soltera, aunque todavía tiene esperanzas de dejar de serlo, y vive una vida tranquila (podría incluso decirse que aburrida), sin mayores incidentes, acompañada por una compañera de departamento que podría o no estar enamorada de ella, y de sus memorias infantiles.  Lo más importante, para ese momento, está cuerda.

Un pariente lejano muere y ella obtiene una herencia (no una fortuna pero tampoco una cantidad despreciable).  Con nuevas perspectivas abiertas frente a ella, decide que la vida que lleva ha sido poco satisfactoria.  Se muda fuera de Londres, compra una casa y, sin que pueda saberlo, comienza el implacable proceso de confundir sus pensamientos y el mundo exterior.  A través de la narración de Stephen Benatar, la seguimos de cerca.  Pero nuestro punto de vista es particularmente privilegiado; gracias al narrador impersonal entendemos a cada momento cómo son las cosas en realidad y la diferente forma en que ella las ve.  Así, somos testigos del desmoronamiento de su mente.  Con cada paso que ella da hacia la locura, la distancia entre ella, como personaje, y nosotros, como lectores, se agranda.  Eventualmente, se convertirá en algo totalmente irreconocible, y  en ese momento, nuestro punto de vista dará un último paso atrás, alejándose para adquirir perspectiva.  Ya no podemos sentir conexión con ella, no de forma directa al menos.  Y así, nos convertimos en meramente espectadores (en lugar de los testigos que éramos al principio) mientras ella es recluida, su mente totalmente destrozada.

szabo-the_doorLa estructura narrativa opuesta también se puede utilizar para obtener resultados similares.  Lo desconocido puede empezar siendo completamente diferente, y el lector lo va entendiendo de manera gradual, conforme avanza la novela.  Esta es la técnica que usa Magda Szabo en su gran y compleja (¿o complejamente grande?) novela, The Door.  Es la historia de una pareja de intelectuales y su relación con una portera/conserje que llega a sus vidas súbitamente.  El libro es narrado en primera persona, a través de la esposa en la pareja, un personaje que comparte muchas características con Szabo, pero que no es explícitamente ella.  Sabemos muy poco sobre la vida anterior de la escritora, salvo que es casada, que el matrimonio no tiene hijos, y que ambos trabajan mucho.  Esto abre la necesidad para que alguien ayude con la casa, les lleve comida y limpie la nieve de la entrada en el invierno.   Un conocido les recomienda a alguien idóneo para este tipo de trabajo, pero de forma completamente excepcional, tiene que ser bajo las condiciones y previa aprobación para aceptar trabajar con ellos.

Asi es como la excéntrica, extraña y a momentos poco verosímil Emerence entra a su vida.  Las tareas a las que se aboca son sobrehumanas, pero las completa con gracia e incluso indiferencia.  Para completar la extrañeza de la situación, sus condiciones pueden franquear lo irracional.  Trata al perro de la familia como persona, tiene horarios completamente extraños y pide una deferencia muy particular que queda fuera de lugar en lo que puede uno esperar de un conserje.  A pesar de eso, la narradora y Emerence se vuelven particularmente cercanas, y eventualmente Emerence mostrará parte de su vida que había guardado tan celosamente: vive dentro de la memoria de un mundo totalmente perdido, Hungría antes de la guerra, en su esplendor imperial.

Eventualmente Emerence se enferma de gravedad, por lo que la escritora se siente obligada a ayudarla.  Al hacerlo, la narradora puede conocer su historia por completo.  Y sin querer, la abre al público (incluyendo a los lectores).  Su necesidad de privacidad es tal que su fuerza sobrehumana se agota y muere al poco tiempo.  No quiero (ni estoy seguro de que podría) dar más detalles.  No es un spoiler que las acciones de la narradora provocarán la muerte de Emerence, lo sabemos desde la primera oración en el libro.  Al final, su muerte en sí no es tan importante.  Lo que la destruye es la exposición de sus secretos.  Ella sabía que la única manera de preservar su mundo era escondiéndolo, y hace tan buen trabajo que abrirlo a los ojos externos lo pulveriza todo (literalmente).

bedford-a-legacyInteresantes como pueden llegar a ser estos casos límite, no necesitamos ir tan lejos para explorar la vida de los otros.  En A Legacy, Sybille Bedford reconstruye a través de otros (su familia directa y ancestros) la vida de un personaje muy similar a sí misma.  A través del libro, el personaje que la representa aparecerá de manera incidental.  Aún así, el libro es sobre ella.  La combinación de los factores que contribuyeron para que pudiera nacer es tan peculiar, que determina de forma clara su desarrollo futuro.  Contando exclusivamente la historia de sus ancestros, puede describirse a si misma.  En este caso, ella no se proyecta a través de las vidas de los otros; en cambio, narra su historia a través de la novela (nunca deja de ser ficción, deliciosamente construida), y por los contornos que se forman entre las vidas de los otros.

Su familia es ciertamente peculiar.  El padre era un aristócrata alemán con cierto encanto que no se percibe de forma directa y no mucho más (no tiene dinero ni algún talento peculiar).  Su madre, por otro lado, era una heredera británica  con educación.  Pero no son ellos las únicas personas que influencian en lo que ella llegará a ser, y cuyas acciones repercutirán en su eventual desarrollo. Los padres de la primera esposa de su padre, una pareja de viejos judíos alemanes burgueses (estamos hablando de Alemania antes de la guerra), juegan un inmenso papel en la historia.  Es a través de su influencia, y dinero, que su padre puede vivir tranquilamente en Francia, donde eventualmente conocerá a su madre.  Y están las historias de los tíos, y la familia extendida de todos…

Todos pueden ser interesantes por sí mismos, y ciertamente están tan bien construidos e interconectados que la lectura es interesante.  Sin embargo, lo que me cautivó desde un inicio es que el objetivo principal del libro completo es dar un perfil de la autora (o de su personaje homónimo), mencionándola mínimamente.  Los otros están presentes todo el tiempo, tal vez más incluso que en los otros dos libros mencionados, pero no serán el objetivo principal.  En este muy especial y particularmente encantador libro la meta es usarlos para crear el contorno de una vida particular, sin describirla directamente.

white-onward-and-upward_in_the_gardenIndudablemente, lo distinto puede tomar una cantidad infinita de formas.  Intento escribir ensayos, y de cierta forma estoy acostumbrado a leerlos, a través de revistas u otros medios, aún cuando muchas veces no sepa nada del tema sobre el que tratan.  Aún así, estaba poco preparado para leer un libro como Upward and onward with the Garden, una colección de los ensayos sobre jardinería escritos por Katherine S. White para New Yorker.  Su estilo es exquisito, sobrio y sofisticado; casi como una antigüedad.  Como bien menciona E.B. White en el ensayo introductorio (que vale la pena leer por sí mismo), Katherine White es capaz de escribir sobre los catálogos de semillas con el cuidado y el detalle con el que solía escribir reseñas literarias.

Si el libro me derrotó (es decir, no pude terminarlo) fue más por un problema mío que por cualquiera que tuviera en sí mismo.  Soy total y completamente ignorante en cualquier aspecto relacionado con plantas y flores.  No sé casi nada acerca de ellas, y por lo tanto soy completamente incapaz de hacerle justicia a cualquiera de sus descripciones, por vívidas que estas sean.  Considerando que describe catálogos y jardines, con muchos diferentes especímenes que admirar, usar o combinar, buscar en Google cada uno para ver que quería decir era imposible.  Lo intenté por un par de páginas y el resultado fue particularmente gratificante, pero me hubiera tomado media vida leer de esta forma todos los ensayos del libro.  Para cualquier persona interesada en plantas, en la historia de los jardines de Nueva York en el siglo veinte, o en la historia de The New Yorker, el libro es invaluable y debe ser absolutamente disfrutable.  Para mí, fue un Otro que fui incapaz de descifrar.